Antes de diseñar nada hay que decidir qué promete tu marca y a quién. El branding es esa decisión, escrita y hecha visible, para que todo lo que venga después sea coherente.
Diagnóstico: Dónde estás parado hoy frente a tu competencia y frente a tu cliente.
Posicionamiento: Qué lugar ocupa tu marca en la cabeza de quien te compra, y por qué.
Naming y mensaje: Nombre, frase que te define y los argumentos que sostienen la promesa.
Personalidad: Tono de voz y forma de hablarle a tu audiencia en cada canal.
Identidad visual: Logo, paleta, tipografías y el sistema que los mantiene unidos.
Manual de marca: Documento con las reglas, para que cualquiera pueda aplicarlas sin ti.
Una marca sin decisiones tomadas obliga a improvisar cada pieza. El branding existe para que dejes de improvisar.